25.9.07

Desempleo en Bolivia

Extraido del períodico La Razón.

Es tiempo de que tanta universidad —varias creadas por puro afán lucrativo— hagan conciencia de la realidad en materia de empleo. No es cuestión de sólo producir más profesionales, sino de racionalizar sobre la real demanda que tiene Bolivia de todos ellos.

Un sector social que está pasando momentos de mucha angustia por la falta de empleo es el constituido por los nuevos titulados. Los meses pasan y no encuentran trabajo temporal o permanente, después de las muchas ilusiones que se hicieron con su profesionalización.

De acuerdo con un estudio de la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (Udape), el tiempo de duración promedio del desempleo de los titulados aumentó entre 1999 y el 2000, de 19,5 meses a 23, situación que se explicaría por la crisis económica que se desató en esos años. Más adelante, la tendencia fue decreciente, hasta alcanzar 15 meses en los años 2003 y 2004, debido a que los cesantes decidieron insertarse en el mercado informal, que en el país está constituido por aproximadamente el 63 por ciento de la población.

Efectivamente, hubo una leve disminución en el porcentaje del desempleo de los nuevos profesionales, pero el caso sigue siendo, hoy mismo, muy dramático. Miles de titulados no encuentran trabajo condigno al tiempo invertido, a sus conocimientos y preparación académica. En cierto modo, podría decirse que no hay hogar en Bolivia que no padezca el problema.

Tal realidad está determinando que se esté deteriorando la calidad del empleo en Bolivia y que los titulados que consiguen un trabajo tengan que conformarse con salarios menores, lo que estaría demostrando que no tiene mucho mérito realizar estudios académicos si al final de cuentas se va a ganar como cualquier otra persona que no los hizo.

El estudio de Udape habla de que muchos profesionales, al no encontrar empleo en el que puedan desplegar su preparación académica, tienen que conformarse con insertarse en la economía informal. Lamentablemente, a estas horas, la perspectiva de este sector es muy incierta, debido a que se cierne sobre éste más desocupación, como efecto de la próxima conclusión de las preferencias arancelarias en los Estados Unidos y el hecho de que no será firmado el TLC.

Ante estas señales nada prometedoras, la situación de los nuevos profesionales bolivianos puede agudizarse hasta extremos desesperantes. Si bien las autoridades gubernamentales ofrecen adoptar planes que permitan generar empleo, lo cierto es que esto no se producirá de la noche a la mañana. Tomará su tiempo de maduración y plenitud.

Entretanto, lo racional sería que las universidades asuman la responsabilidad que tienen en el problema. En la actualidad, funcionan 62 casas superiores de estudio, entre estatales y privadas, sin considerar la cuestión más crucial de sus esfuerzos: el empleo para sus egresados. A este paso, resulta ser improductiva la titulación de tantos nuevos profesionales académicos.

Es tiempo de que tanta universidad —varias de ellas creadas por puro afán lucrativo y en otros casos en que ni siquiera tienen regularizado su funcionamiento— hagan conciencia de la realidad que enfrenta el país en materia de empleo. Definitivamente, no es cuestión de sólo producir más profesionales, sino de racionalizar sobre la real demanda que tiene Bolivia de todos ellos. Más aún, tomar en cuenta que las universidades deben preparar más profesionales técnicos, antes que académicos, pues éstos están siendo frustrados en sus aspiraciones, por falta de empleo.

 
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